De New Orleans a Chicago en 21 días

Un recorrido por la ruta de la música y los Derechos Civiles

Country y Rockabilly en Robert´s Western World

Si la intención es escuchar música en vivo, comer bien y divertirse, la calle de Nashville es Broadway. Tanto en ella como en sus alrededores, el visitante encontrará infinidad de restaurantes y bares donde relajarse, tomar un trago, disfrutar de las mejores bandas country y rockabilly locales e, incluso, bailar a su ritmo.

Dentro de los muchos establecimientos que ofrecen excelente música sin necesidad de pagar entrada, se destaca Robert´s Western World. Fuimos la primera noche y nos gustó tanto que decidimos repetir la experiencia la siguiente. Cuando llegamos, nos recibió una banda country que parecía salida del mejor western. Frente al minúsculo escenario de Robert´s, dos parejas de bailarines demostraban sus habilidades ante una multitud fascinada. Si bien –con el correr de la noche y el creciente consumo de alcohol- hubieron otras parejas que se atrevieron a desplazarse hacia la pista, ver bailar a una en particular llenaba de pudor al más osado. Su desempeño era tan perfecto, sincronizado y a la vez natural, que uno se paralizaba, presa de una combinación de admiración, vergüenza por contraste y una pizca de sana envidia. Casi no se miraban, pero sabían exactamente qué hacer en cada ocasión, como un ajustado mecanismo de relojería. No ostentaban atuendos lujosos ni extravagantes, sino una sencillez que los hacía aún más especiales.

  

Después de permanecer un rato parados junto a la pequeña pista de baile, finalmente logramos escurrirnos hasta un asiento cercano a la banda y a las parejas danzantes y hasta pudimos filmar algo de la experiencia. A continuación, un video de “Monte Good & Honky Tonk Heroes” y los hábiles bailarines que los acompañaban:

Al enterarnos que la noche siguiente tocaría una banda de rockabilly, no pudimos resistir la tentación de volver a Robert´s para verla. En esta ocasión, junto al escenario, había tres chicas ataviadas al mejor estilo rockabilly, con ropa de los años ´50, los ojos abundantemente maquillados y los labios de un rojo furioso. Dos de ellas ostentaban, en sus brazos, coloridos tatuajes de “pin-up girls” (algo así como “chicas de calendario”), completando, de esta manera, su “look rockabilly estilo siglo XXI”. La banda, compuesta por sólo tres músicos, estaba encabezada  por Harry Fontana y sonaba sencillamente increíble. Esto, sumado al carisma de su líder y a las parejas que gastaban la pista con su baile frenético, hizo de aquella noche una experiencia para no olvidar. A continuación, Fontana y sus compañeros con su versión de “That´s alright” de Elvis Presley:


Avanzada la noche, Harry invitó a una de las “chicas rockabilly” a entonar un par de temas y, para sorpresa de todos, la muchacha en cuestión sonaba tan bien como el líder de la banda. Prueba de ello, es el siguiente video:


En fin, si la idea es escuchar la auténtica música de Nashville bien tocada y divertirse hasta altas horas de la madrugada –incluso los días de semana-, no puede obviarse una visita a Robert´s Western World.

NASHVILLE: LA CAPITAL DEL COUNTRY

Además de ser la capital del estado de Tennessee, Nashville también es considerada como la del country.  Ubicada a orillas del río Cumberland, no sólo es un destino obligado para los amantes de aquel género en particular, sino para todos los que disfruten de la música en vivo, el baile, la vida nocturna y la diversión en general.

Si bien llegamos sin grandes expectativas, dado que conocíamos muy poco de la música country, fuimos conducidos a Nashville por mera curiosidad. Afortunadamente, tanto la ciudad como su gente no nos defraudaron en absoluto. Es más, no sólo nos divertimos muchísimo escuchando country y rockabilly y viendo bailar fascinados a los expertos locales, sino que Nashville también nos causó una excelente impresión por el buen humor y la amabilidad imperantes, lo lindo de sus calles y edificios y la riqueza de su cultura popular.

 

Nuestra curiosidad inicial fue reforzada por la visita y, cuando partimos hacia nuestro siguiente destino, nos llevamos una sensación de felicidad por la experiencia adquirida y ganas de aprender aún más sobre la música country, los estilos que le dieron origen y los que derivaron de ella.

National Civil Rights Museum: historia de la lucha por la igualdad

El National Civil Rights Museum alberga una importante exhibición que narra la larga y ardua lucha de valientes hombres y mujeres por lograr la igualdad de los derechos fundamentales para todos los seres humanos. El museo fue construido en el espacio del antiguo Lorraine Motel, donde Martin Luther King Jr. fue asesinado el 4 de abril de 1968. La habitación 306, frente a cuya puerta ocurrió el trágico acontecimiento, permanece intacta. Desde su balcón, cuelga una corona de flores que rinde homenaje al reverendo baptista y a sus esfuerzos por construir un mundo más justo.

En el interior del museo, infinidad de fotos, inscripciones y objetos, dan cuenta de la historia de la comunidad negra de los Estados Unidos desde los tiempos de la esclavitud hasta la muerte de King, pasando por las brutales represiones y asesinatos que padecieron muchos de los que se atrevieron a creer en un mañana mejor, en el cual los hombres pudieran vivir en armonía sin hacer ni sufrir diferencias por el mero color de la piel.

El recorrido puede hacerse en compañía de una audio guía que, a medida que uno avanza de una sala a otra, narra los hitos fundamentales de la lucha por los Derechos Civiles y profundiza las problemáticas presentadas mediante grabaciones originales de los discursos de algunos líderes del movimiento e, incluso, de sus detractores. El collage gráfico y sonoro es reforzado por  maquetas de tamaño real que recrean espacios donde transcurrieron hechos de importancia.

El visitante puede –por ejemplo- subir al autobús que reproduce aquél en el cual, el 1° de diciembre de 1955, Rosa Parks se negó a darle el asiento a un pasajero blanco, siendo arrestada en consecuencia. En la ciudad de Montgomery, Alabama –como en la mayoría de los estados del sur- la segregación racial invadía los espacios públicos y el transporte no era la excepción. En los autobuses, los asientos del frente estaban reservados para pasajeros blancos, mientras que los “de color” se veían forzados a  viajar en el fondo, a resignar sus asientos en caso de que ascendieran blancos y no hubieran lugares disponibles para sentarse e, incluso, a bajarse del transporte en cuestión –a pesar de haber pagado el boleto correspondiente- si no había espacio suficiente para que pudieran viajar más blancos. El acto de resistencia de Parks fue el catalizador de un boicot de la comunidad afroamericana contra la empresa de autobuses de Montgomery que se extendió  durante 381 días. Finalmente, el 13 de noviembre de 1956, la ley de segregación en el transporte público fue derogada. Durante el boicot, los hombres y mujeres que hasta ese momento habían sido discriminados por la empresa y que, paradójicamente, constituían más del 75% de los usuarios, se mantuvieron firmes. Los que tenían auto, se ofrecieron a llevar a los que no; otros tomaron taxis y unos cuantos más caminaron kilómetros.

A continuación, pueden ver un video sobre el boicot que –mediante fotografías e inscripciones acompañadas por música- ilustra cómo fue la lucha contra la segregación en el transporte público.

Uno de los líderes del boicot de Montgomery fue el propio Martin Luther King Jr. Siguiendo el modelo de resistencia pacífica de Mohandas Gandhi , King extendió su mensaje en defensa de la igualdad mediante infinidad de discursos y libros, y encabezando marchas, boicots económicos y otros actos no violentos en distintos puntos del país. Encarcelado en reiteradas ocasiones por luchar en pos de un mundo en el que reinaran la paz y la justicia y donde todos los hombres fueran considerados iguales, fue premiado por predicar con el ejemplo cuando, en 1964, ganó el Nobel de la Paz. Al ser interrogado por un periodista acerca del significado del premio, expresó que éste destacaba “la increíble disciplina del hombre negro” frente a las injusticias padecidas desde tiempos inmemorables. Es por ello que, en su discurso del 10 de diciembre de 1964, King aceptó el reconocimiento en nombre del movimiento del que formaba parte poniendo especial énfasis en el hecho de que éste era fundamentalmente “no violento”. Según sus palabras, “la no violencia es la respuesta a la crucial cuestión política y moral de nuestro tiempo –la necesidad del hombre de vencer a la opresión y a la violencia sin recurrir ni a la violencia, ni a la opresión” (“Discurso de aceptación del Premio Nobel”).

Fiel a sus convicciones, la noche previa a su asesinato, se presentó en una iglesia de Memphis para convocar a sus seguidores a que al día siguiente marcharan junto a él y a los recolectores de basura de esa ciudad para manifestarse en contra de prácticas laborales injustas. A pesar de haber sufrido numerosas amenazas de muerte, (la última minutos antes de que su avión despegara en dirección a Memphis), no dudó en asistir a la ciudad en la que su mensaje de esperanza era necesario. Cerró el discurso conocido como “I´ve been to the mountain top” (“He estado en la cima de la montaña”) o “I´ve seen the promised land” (“He visto la tierra prometida”), de la siguiente manera:

“Llegué a Memphis. Y algunos empezaron a mencionar las amenazas (…). ¿Qué podría pasarme? (…) No sé que va a ocurrir ahora. Tenemos días difíciles por delante. Pero no me preocupo. Porque he estado en la cima de la montaña. Y no me preocupa. Como cualquiera, me gustaría vivir una vida larga. La longevidad tiene su lugar. Pero no me preocupa eso ahora. Sólo quiero hacer la voluntad de Dios. Y Él me ha permitido subir a la cima de la montaña. Y he mirado hacia abajo. Y he visto la tierra prometida. Puede que no llegue allí con ustedes. Pero quiero que sepan esta noche, que nosotros, como pueblo, llegaremos a la tierra prometida. Entonces, estoy contento, esta noche. No estoy preocupado por nada. No le temo a ningún hombre. Mis ojos han visto la gloria de la llegada de Dios”. (3 de abril de 1968).

A continuación, pueden ver la última parte de su discurso profético con subtítulos en inglés.

Retrospectivamente, las palabras finales del último discurso de King resultan premonitorias. Asimismo, resuenan como un mensaje de esperanza para la humanidad, que no puede ser acallado y perdura junto con su legado de lucha en nombre de la paz y la justicia.

Sun Studio: el lugar donde nació el Rock & Roll

Sun Studio adquirió la fama de ser “el lugar donde nació el rock & roll” por tratarse del sitio en el que, en 1951, se grabó el que es considerado el primer single de este género: “Rocket 88” de Jackie Brenston and his Delta Cats, cuyo compositor y tecladista fue Ike Turner, con tan sólo 19 años. Más allá de que esta canción sea o no “el primer single de rock”, el estudio de grabación fundado por Sam Phillips en 1950 resulta insoslayable si de hablar de música se trata. Fue allí donde artistas de la talla de Elvis Presley, Howlin’ Wolf, B.B. King, Carl Perkins, Jerry Lee Lewis, Johnny Cash y Roy Orbison grabaron sus primeros discos, logrando conquistar la fama a nivel mundial.

Phillips –productor musical y también propietario de la compañía discográfica Sun Records- sabía reconocer el talento cuando lo tenía delante. Mientras que otros productores los ignoraron, él le dio cada uno de esos grandes músicos la oportunidad de audicionar cuando aún eran amateurs, ayudándolos a dar sus primeros pasos. No sólo el empresario y los jóvenes talentos salieron ganando. Los melómanos de aquel momento en adelante también nos vimos beneficiados y le estaremos eternamente agradecidos a Phillips por haberle brindado un espacio a los nuevos sonidos que surgieron entonces y que cambiarían la historia de la música para siempre. 

El creciente éxito del album debut de Presley –“That’s All Right/Blue Moon Of Kentucky”- en el sur de los Estados Unidos, condujo a muchos músicos brillantes a probar suerte en el estudio de Phillips. A pesar de la popularidad regional, a fines del ´55, el empresario se vio forzado a vender el contrato de Elvis a RCA Records por U$S 35000 para afrontar dificultades financieras. Aunque esta venta implicaría grandes pérdidas a futuro, ella le permitió financiar la distribución de “Blue Suede Shoes” de Carl Perkins, que se convertiría en el primer hit nacional de Sun Records. (Para ver a Carl Perkings interpretando esa canción, hacer clik aquí).

Si bien –al igual que Presley- muchos músicos que habían iniciado sus carreras en Sun continuaron sus caminos en otras discográficas, Phillips es reconocido como el que le enseñó al “Rey” cómo producir discos, ya que éste continuó empleando la técnica de aquél en sus grabaciones con RCA. (Para ver a Elvis tocando en vivo “Heartbreak hotel”–su primer n° 1 en RCA-, hacer click aquí).

Hoy en día, artistas de todas partes del mundo acuden al mítico estudio para grabar sus melodías. Pero Sun no sólo está abierto para las estrellas de la música, sino que cualquiera que lo desee puede realizar una visita y sentir la energía de los grandes talentos que pasaron por allí vibrando a su alrededor. En aquella pequeña habitación legendaria uno puede sacarse una foto con el micrófono original de Elvis y sentarse frente al piano junto al cual fue tomada la famosa foto del “Million Dollar Quartet” (“Cuarteto del Millón de Dólares”), integrado por Presley, Lewis, Perkins y Cash. 

El origen del “cuarteto del millón de dólares” es el siguiente. Los cuatro músicos que iniciaron sus respectivas carreras de la mano de Phillips –tres de ellos ya consagrados- se encontraron en el estudio el 4 de diciembre de 1954 por mera casualidad. Allí surgió una “jam session” improvisada que nunca más se repetiría y cuyas grabaciones pasarían a la historia. La obra musical titulada “Million Dollar Quartet” (actualmente en Broadway, Chicago y de gira por los Estados Unidos) está basada en ese encuentro único. (Para ver a Johnny Cash interpretando “I walk the line”, hacer clik aquí y a Jerry Lee Lewis con su frenética “Great balls of fire”, aquí).

Si al salir de Sun Studio aún quedan ganas de continuar recorriendo la historia de la música, se puede acudir al Stax Museum of American Soul Music, que ocupa el espacio del antiguo estudio de grabación Stax Records. Allí grabaron grandes del soul como Ottis Redding, Isaac Hayes, Little Milton, Rufus Thomas, entre otros.

Lamentablemente, no nos alcanzó el tiempo para hacer todo lo que teníamos planeado en Memphis y nos quedamos sin conocer Stax. Será cuestión de volver por más…

Graceland: hogar del Rey del Rock & Roll

Graceland –ubicada a 10 minutos en auto desde el centro de Memphis- es una suerte de Disney para los fans de Elvis Presley en particular y los amantes del rock & roll en general. Todo está organizado para que el visitante se lleve consigo los detalles de la intimidad del ídolo musical y también desembolse una considerable suma de dinero en un solo día. Al costo de la entrada hay que sumarle el del estacionamiento, el almuerzo o snack que se consuma y aún más si se pretende llevar un souvenir de vuelta a casa. De todas formas, la inversión vale la pena.

Hay 3 tipos de entrada, según la cantidad de exhibiciones que se quieran visitar. Con la entrada de precio intermedio pudimos conocer no sólo la mansión en la que Elvis residió gran parte de su vida junto a su esposa Priscilla y su hija Lisa Marie, sino también su inmensa galería de premios, una sala con gran parte de su vestuario, su increíble colección de autos, sus aviones privados y hasta la tumba en la que descansa. Incluso, hay una sección reservada para el especial de televisión que grabó en 1968. Si la intención es tener un verdadero acercamiento a la vida y obra del “Rey” y comprender la implicancia que tuvo para la música y la cultura a nivel mundial, es aconsejable destinar un día a la visita y hacerla con tranquilidad.

 

El tour por la casa cuenta con una audio guía que describe cada ambiente, los motivos que llevaron a sus propietarios a decorarlo con un estilo determinado y las costumbres de aquéllos. Al margen de que la decoración sea o no de nuestro agrado, no podemos negar que Elvis y Priscilla tenían un estilo muy personal que se caracterizaba por la exuberancia y el cuidado de cada detalle. Basta con una simple mirada al living – con un imenso sillón blanco inmaculado y un piano de cola rodeado por vitreaux con figuras de pavos reales- y al comedor principal – piso de mármol, cortinas azules con ribetes dorados y araña de cristal- para notar que la extravagancia del “Rey” no se reducía a su vestuario, su peinado y sus movimientos pélvicos, que resultaban impactantes para su época.

 

La “jungle room” (“habitación de la selva”) es particularmente llamativa por sus inusuales muebles rústicos: la mesa ratona con tope de tronco barnizado, las sillas de respaldo alto con aspecto de “tronos selváticos”, el sillón de cuero oscuro con patas de madera tallada, las cortinas drapeadas en tonos tierra, la alfombra verde símil pasto y el pequeño estanque construido contra una pared de piedras y rodeado por vegetación natural. Todos los objetos de este ambiente fueron especialmente escogidos por Elvis hasta el más mínimo detalle. Sobre uno de los sillones, junto a una guitarra acústica, encontramos un viejo oso de peluche: un elemento sencillo que nos genera una sensación de cotidianeidad familiar; como si hubiera sido olvidado allí por Lisa Marie de pequeña.

 

El recorrido se completa con la cocina, la sala de estar –con tres televisores que Presley veía simultáneamente y los discos de vinilo que disfrutaba escuchar-, el salón de billar y la oficina –ubicada detrás de la casa-, donde actualmente se exhiben algunos retratos del cantante pintados por sus fans.

  

En el sector dedicado al especial del ´68 puede verse un documental que explica la importancia que aquel programa televisivo tuvo para la carrera de Elvis y sus seguidores. Mediante esta “jam session” de tono informal en el que se lo ve relajado, tocando su guitarra, cantando y bromeando con sus músicos frente a una pequeña audiencia exclusiva, Presley volvió al éxito luego de algunos años de haber estado desplazado del centro de la escena musical por otros artistas –en su mayoría ingleses-, como los Beatles. Viendo el documental, nos enteramos del temor del “Rey” ante la posibilidad de no ser aceptado por el público como en los viejos tiempos y de su necesidad de transmitir un mensaje pacificador en una época de importantes cambios políticos y sociales. No nos olvidemos que el ´68 fue el año del Mayo Francés, de la matanza de Tlatelolco en México, del asesinato de Martin Luther King Jr., entre otros hechos de gran importancia.

A pesar de sus miedos, Presley vuelve y lo hace con todo. Hacia el final del especial entona por primera vez “If I can dream”, un himno gospel que expresa su deseo de construir un mundo mejor en el que reinen la paz y el entendimiento mutuo. Esta canción, con claras referencias a los discursos de King –muerto apenas unos meses antes-, vuelve a colocar al “Rey” en su trono y extiende su mensaje de esperanza por todo el mundo, llegando a convertirse en un verdadero clásico con el transcurso del tiempo. A continuación, puede verse a Elvis interpretando “If I can dream” en el especial del ´68 con subtítulos en español. ¡Que lo disfruten!

Memphis Rock ´n Soul Museum: un paseo por la historia de la música

En el Rock ´n Soul Museum –mediante imágenes, objetos y canciones- el visitante es transportado en un viaje a través de la historia de la música. La exhibición no se limita a contar anécdotas de los grandes artistas de todos los tiempos, sino que también hace hincapié en las condiciones sociales, políticas y económicas en las que fueron surgiendo los distintos géneros musicales, como expresiones culturales de cada período.

Las primeras salas recrean el ambiente rural que dio origen a  ritmos como el country, el folk y el blues, con especial énfasis en el sacrificio de los trabajadores del campo que se ve reflejado en sus melodías. También se hace referencia al blues como un estilo que resulta del canto de los esclavos durante las cosechas de algodón –una suerte de lamento emitido por uno de ellos que, luego, es repetido por los demás como manifestación colectiva de la opresión padecida.

A medida que avanzamos en nuestro recorrido, el rock y el soul pasan a ocupar la escena central. Es ahí donde nos enteramos de la historia de Dewey Phillips, uno de los pocos DJs de radio blancos que, durante los años 50, se atreve a combinar música negra y blanca, sin distinciones. En una época de segregación racial, Phillips –también conocido como “Daddy O”- hace sonar ritmos tan variados como rhythm and blues, country, boogie woogie y jazz, a la vez que presenta a los artistas de Sun Records (compañía discográfica local). Es en su programa “Red, hot & blue” –de la emisora WHBQ/560 de Memphis- donde, en julio de 1954, se emite por primera vez el álbum debut de Elvis Presley: “That’s All Right/Blue Moon Of Kentucky”. (Para ver un video del primer single de Elvis, hacer click aquí).

Phillips –de habla acelerada y gran sentido del humor- se convierte, en tan sólo nueve años, en una de las grandes personalidades de la radio estadounidense de todos los tiempos, ya que logra trascender las barreras del prejuicio, haciendo bailar a una audiencia masiva y multirracial. (Para escuchar un fragmento del show “Red, hot & blue”, hacer click aquí).

 

El musical de Broadway titulado “Memphis” está inspirado en su persona y –si bien no se trata de una biografía rigurosa- vale la pena verlo para captar la esencia de la revolución musical y social que se inició en aquella ciudad durante la década del ´50 y comprender la gran implicancia que ella tuvo en los cambios que se fueron produciendo con el transcurso del tiempo, tanto a nivel nacional como mundial.

Además del merecido homenaje al DJ y de un sector especialmente reservado para honrar la lucha por los Derechos Civiles, el museo alberga instrumentos, ropa y otros objetos de grandes músicos de los más variados estilos. La audio guía (incluida en el precio de la entrada) ofrece distintas melodías que se pueden escuchar en cada sala para que el visitante elija de acuerdo a su preferencia. De los músicos cuyo material se incluye en la muestra cabe destacar a Robert Johnson, Elvis Presley, Jerry Lee Lewis, Al Green, Ann Peebles, Johnny Cash, Otis Redding, entre otros.

Si a la salida del Rock ´n Soul Museum, aún quedan ganas de prolongar el paseo musical, con sólo cruzar la calle se puede hacer un tour por la fábrica de guitarras Gibson. Allí, un guía especializado se encarga de explicar todos los pasos necesarios para producir una guitarra de forma artesanal, desde el ensamblado hasta la pintura final, pasando por los más estrictos controles de calidad. También se pueden apreciar modelos autografiados, como una “Lucille” de B.B. King, aprender cómo se logra el celeste metalizado preferido por Dave Grohl y hasta probar una Gibson original en el negocio adyacente.

¡Una verdadera panzada de rock & roll!

La legendaria Beale Street

Si Bourbon St. es la calle de New Orleans, Beale St. es su equivalente en Memphis. Colmada de negocios, restaurantes y bares con música en vivo, su ritmo frenético no cesa ninguna noche de la semana.

A mediados del siglo XIX, muchos músicos negros provenientes del sur comenzaron a hacer sonar sus instrumentos en Beale, aunque el verdadero apogeo de esta calle histórica recién se produjo durante la primera mitad del XX. Fue en esa época que el blues del Mississippi llegó a Memphis de la mano de W. C. Handy, un músico y compositor nacido en Alabama que había viajado por el Delta y vivido seis años en Clarksdale, nutriéndose de los sonidos de esa región. Handy es considerado “el padre del blues” por ser quien popularizó este estilo musical, llevándolo de pequeños pueblos de los Estados Unidos a sus principales ciudades para que, más tarde, se expandiera hacia el resto del mundo. Desde su llegada a Memphis en 1909, Handy compuso innumerables canciones, entre las que cabe destacar las que hacen honor a la ciudad en la que residió durante casi una década: “Memphis Blues” y “Beale Street Blues”. En el n° 352 de la calle inmortalizada en su música, se encuentra la casa en la cual vivió, que puede ser visitada por una módica suma de dinero. (Para escuchar “Beale Street Blues”, hacer click aquí).

A partir de 1920, otros grandes del blues y el jazz hicieron sonar sus melodías en Beale, contribuyendo al desarrollo del estilo conocido como “Memphis blues”. De ellos, podemos destacar a Louis Armstrong, Muddy Waters, Albert King, Memphis Minnie, B. B. King, entre otros. Es más, el apodo “B. B. King” tiene su origen en el hecho de que, en su juventud, aquel músico extraordinario era conocido como “the Beale Street Blues Boy” (algo así como “el chico del blues de la calle Beale”). (Para escuchar “The thrill is gone” tocada en vivo en el B.B. King´s Blues Club de Memphis, hacer click aquí).

En los años ´40, el blues se fusionó con otros géneros musicales –como el boogie woogie, el jazz y el swing- y nació el rhythm and blues. Durante la primera mitad de los ´50, este sonido fue influido por el gospel, el country, el western y el folk tradicional, lo que terminó derivando en un nuevo estilo que –con el tiempo- no sólo revolucionaría la escena musical, sino también la cultura mundial: el rock & roll.

Si bien el prestigio de Beale St. parece residir más en su gloria pasada, aún en la actualidad mantiene su espíritu musical, permaneciendo cerrada al tránsito para que las multitudes puedan recorrerla a pie y absorber, en el camino, todos los sonidos que emanan de sus establecimientos.

MEMPHIS: MUCHO MÁS QUE LA CUNA DEL ROCK & ROLL

Memphis es una ciudad situada en el sudoeste de Tennessee, en el límite de los estados de Arkansas y Mississippi. Se la conoce como “la cuna del rock & roll”, dado que no sólo fue el lugar de residencia de Elvis Presley durante gran parte de su vida, sino que también alberga el Sun Studio –sitio histórico del cual surgieron los grandes íconos de este y otros géneros.

 

A pesar de ser famosa por tratarse del lugar de origen de un ritmo que revolucionó el mundo, Memphis es mucho más que un punto obligado en la ruta de la música. Su importancia también reside en el movimiento por los Derechos Civiles que allí tuvo lugar. Uno de sus líderes, el reverendo baptista Martin Luther King Jr., fue asesinado en el hotel Lorraine de esa ciudad, no sin antes dejar un legado de enseñanzas, basadas en el respeto y la tolerancia mutuas, y un sueño: el de la igualdad de todos los seres humanos sin importar el color de la piel, las ideas políticas o las creencias religiosas.

Memphis no es, entonces, únicamente el escenario de una revolución musical, sino también el de una revolución tan o más importante que –con el tiempo- fue expandiendo la mente de hombres y mujeres con su mensaje de paz, en un intento de construir un mundo mejor para todos.

Rowan Oak: hogar de William Faulkner en Oxford

El pueblo de Oxford está ubicado en el condado de Lafayette, a 120 km al este del Delta. Además de ser la sede de la Universidad de Mississippi, se destaca por albergar la casa que, entre 1930 y 1962, sirvió de residencia al Premio Nobel de Literatura William Faulkner. Siendo una lectora entusiasta de sus novelas –que reflejan la vida en el sur de los Estados Unidos durante el siglo XIX, con sus conflictos raciales y guerras civiles-, no podía dejar de visitarla. Fue por ello que, al dejar Clarksdale, nos desviamos un poco de nuestro camino a Memphis y pudimos al menos intuir cómo era la intimidad de uno de los mejores escritores norteamericanos de todos los tiempos.

Para ingresar a Rowan Oak se debe avanzar a pie por un largo camino flanqueado por árboles altísimos. Se trata de una residencia de dos pisos, nada ostentosa, rodeada por un inmenso parque de 29 hectáreas. Apenas atravesamos la puerta principal, a nuestra izquierda, podemos ver la biblioteca del autor. Si bien no está permitido ingresar a cada ambiente, las obras que él leía están dispuestas en los estantes, a la vista de todos.

La decoración es sencilla. Sobre todo si se tiene en cuenta el éxito de su propietario. Recorriendo todas las habitaciones de la planta baja y el primer piso, de a poco, vamos descubriendo detalles de la vida familiar de aquél. Entre ellos, nos llama la atención que Estelle Oldham Franklin, su esposa, también era aficionada a las artes. No sólo pintaba cuadros, sino que era muy talentosa. A su vez, nos enteramos que cuando los padres de ella supieron que planeaba casarse con un escritor, inicialmente se opusieron a la idea. Estelle era divorciada y tenía dos hijos de un matrimonio anterior que, en 1930, se establecieron en Rowan Oak junto a ella y su nuevo marido. Años más tarde, nació Jill, única hija de los Faulkner. Ingresamos al cuarto de ésta y enseguida advertimos que disfrutaba de andar a caballo, al igual que su padre. Revisamos viejos recortes de diario que hacen referencia al autor, sus logros y sus tropiezos, y contemplamos una vitrina con cuadernos repletos de apuntes, elegantes petacas –que dan cuenta de su afición por el alcohol- y otros objetos personales..

Durante nuestro recorrido por los distintos ambientes, quedamos cautivados por uno en particular. Se trata de la habitación en la que Faulkner concibió gran parte de su obra y en la que aún puede encontrarse su máquina de escribir. Lo que más llama nuestra atención son las inscripciones hechas en lápiz sobre las paredes. Nos llena de emoción descubrir que el texto en cuestión constituye la trama de A fable (Una Fábula), novela por la cual el autor ganó el Pulitzer Prize y el National Book Award en 1954.

Visitar la casa de Faulkner y el pueblo donde transcurrió gran parte de su existencia nos hace evocar sus creaciones y, por un instante, –mediante un viaje imaginario- nos introducimos en “Yoknapatawpha”, condado ficticio inspirado en su Lafayette residencial. El coronel del Ejército Confederado, John Sartoris, atraviesa nuestro pensamiento. De pronto, somos transportados de vuelta a la realidad al enterarnos que aquel personaje es el retrato literario de un tatarabuelo que el autor admiraba, a pesar de no compartir sus ideas políticas.

 

El sur de Faulkner resulta fascinante. Aunque nos gustaría permanecer un poco más allí, tenemos que seguir viaje. Memphis nos espera. Allá vamos.

Clark House: una casa de ensueño

Clark House, la casa en la cual nos hospedamos en Clarksdale, era sencillamente ESPECTACULAR. Por fuera parecía salida de una película ambientada en el sur estadounidense del siglo XIX, mientras que en su interior tenía todas las comodidades del XXI.

Nuestra habitación se llamaba “Crossroads” y quedaba en la planta baja. Era la más económica del lugar, pero no por eso menos linda o confortable. Los muebles eran antiguos, de madera oscura lustrada. El baño, blanco inmaculado, también de estilo clásico.

 

En la planta baja se encontraba, a su vez, la biblioteca –prácticamente despojada de libros-, el living, el comedor y la cocina. Todos los ambientes enormes, hermosamente decorados e impecables. La cocina, además de ser muy espaciosa, tenía las mesadas y utensilios de acero inoxidable: el sueño de todo aficionado al arte culinario.

 Lamentablemente, no teníamos acceso a las habitaciones del primer piso, dado que estaban cerradas con llave a la espera de otros huéspedes. Con excepción de una señora a la que vimos sentada en el porche la mañana que dejamos Clarksdale, teníamos toda la casa para nosotros. El dueño vino a recibirnos la noche que llegamos, nos explicó cómo funcionaba todo y nos dejó para volver a una casa cercana en la cual vivía. Cualquier cosa que necesitáramos podíamos llamarlo por teléfono.

 

A la mañana siguiente, cuando nos levantamos después de una noche de blues en el juke joint local, fuimos a la cocina y encontramos todo lo necesario para armar un desayuno a nuestro gusto: cereal, café, té, jugo, variedad de panes, quesos untables y mermeladas. Nos sentimos mejor que si hubiésemos estado en casa, ya que nuestro pequeño departamento difiere mucho en dimensiones y decoración de aquel lugar. Estábamos tomando un café en el inmenso comedor con mesas de estilo, como si se tratara de algo cotidiano, y no lográbamos salir del asombro. Alguien nos había abierto su casa por unos pocos dólares, permitiéndonos disfrutar a pleno de un lugar incomparable. Fue así como un par de “ratas de ciudad” experimentaron lo que es habitar –al menos por un día- en una suerte de “mansión sureña” de un pequeño pueblo en el Delta del Mississippi.

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